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COREMEX presume tamales mientras las cuentas por millones siguen sin explicación
Los trabajadores aportan mes tras mes mediante sus cuotas sindicales y, según las cifras que circulan entre la base, COREMEX recaudaría alrededor de 700 mil pesos mensuales, más de 8 millones de pesos al año. Frente a esas cantidades, repartir tamales de aproximadamente 15 pesos difícilmente puede presentarse como una respuesta a quienes quieren saber qué sucede con su dinero.
En COREMEX parece existir una enorme distancia entre el dinero que presuntamente entra y los beneficios que los trabajadores pueden ver. Mientras cada mes se descontarían miles de cuotas que juntas representarían aproximadamente 700 mil pesos, la dirigencia encabezada por Miguel Meneses intenta mostrar cercanía con acciones como repartir tamales entre la base. El detalle podría parecer positivo si no existiera detrás una pregunta mucho más grande que sigue sin desaparecer: ¿qué pasa con los aproximadamente 8.4 millones de pesos que se recaudarían cada año?
Porque aquí nadie está cuestionando el precio de un tamal ni diciendo que un sindicato no pueda organizar este tipo de actividades. Lo que resulta cuestionable es que se pretendan presumir pequeños apoyos mientras los trabajadores siguen esperando información suficientemente clara sobre cantidades muchísimo mayores. Si cada mes entran cientos de miles de pesos provenientes directamente de sus salarios, resulta razonable preguntar cuánto cuesta mantener a COREMEX, cuánto se utiliza para apoyar a la base, cuánto se destina a sus dirigentes y colaboradores y cuáles son los gastos que justifican semejante recaudación.
La comparación se vuelve todavía más incómoda ante los señalamientos de trabajadores que aseguran que Miguel Meneses frecuentaría restaurantes costosos, mientras a la base se le entregan alimentos de unos cuantos pesos. Esa afirmación sobre los gastos personales del dirigente necesitaría acreditarse para determinar si realmente existe alguna relación con recursos sindicales. Sin embargo, el cuestionamiento de fondo permanece intacto: si todo el dinero de las cuotas está correctamente utilizado, COREMEX podría demostrarlo haciendo públicas cuentas claras y comprobables.
Eso es precisamente lo que molesta. No se trata de querer más tamales, sino de saber qué ocurre con el dinero. Un trabajador no aporta su cuota para que meses después le regresen un alimento de 15 pesos y pretendan que con eso ya recibió un beneficio suficiente. Aporta recursos a una organización que debería representarlo y que, por lo tanto, tendría que poder explicar con absoluta claridad qué hace con cada peso que administra.
Por eso la frase “dar atole con el dedo” comienza a describir perfectamente la percepción de quienes cuestionan estas acciones. Los trabajadores no necesitan que los distraigan con pequeños gestos mientras las preguntas importantes siguen pendientes. Necesitan saber cuánto dinero entra realmente a COREMEX, cuánto sale, quién recibe pagos, qué conceptos absorben la mayor parte del presupuesto y, sobre todo, cuánto de esos millones termina convertido en beneficios concretos para la base.
Miguel Meneses puede repartir todos los tamales que quiera, pero un tamal de 15 pesos no responde por 8 millones de pesos. Si la administración de COREMEX es transparente, entonces que las cuentas hablen y que los trabajadores puedan conocerlas. Mientras eso no ocurra, cada pequeño “beneficio” que se presuma inevitablemente estará acompañado por una pregunta mucho más incómoda:
¿Nos están dando un tamal mientras nos quieren dar atole con el dedo con los millones de nuestras cuotas?
